jueves, 5 de junio de 2014

Buenos días mundo.

Zénobe.
Siempre le encantaba observarla, había tantas cosas en ella que aún no sabía pero que deseaba descubrir. Al girarse hacia él,  su cabello negro crea una especie de onda, y la atrae hacia sí con la mano, haciendo que se siente sobre él al borde de la cama, mientras Annie la rodea con las piernas, aprobecha que la tiene así para rodearla con los brazos, negándole toda escapatoria posible y sonríe de lado, besando rapidamente sus labios en un ágil gesto.Busca su cuello y se acurruca en este, acariciándolo con los labios y subiendo hasta sus mejillas, haciendo caricias cariñosas, como si fuera un gato que ronronea.

-Deberíamos dormir Annie.. -musita sobre su mejilla, posando los labios en esta para después pasearlos hasta su boca, besándola ahí tambien pero manteniendo el beso unos segundos más, estrechándola contra sí con suavidad, acariciando su espalda y siguiendo el camino de su columna con las yemas de los dedos cada vez más hacia abajo, pero sin llegar a pasar más allá de las caderas.
Entonces hace un tipo de ruido, quejándose, pues es como si le hipnotizara para seguir un juego de caricias, y Zénobe comenzaba a ponerse cariñoso, tomándola en brazos para alzarla de la cama, cogiéndola como a un koala, para bordear la cama con ella entre risas y la deja con cuidado en el otro lado de la cama, en el lado en el que se supone que ella va a dormir, y Zénobe vuelve a su lado bordeando la cama y murmurando entre dientes, lo suficientemente alto como para que le escuche. 

-Deja de torturarme... -Ríe por lo bajo, pues si Annie se dejara podía pasarse toda la noche pegado a ella como una lapa y se tumba en la cama practicamente tirándose. 
Se queda en el borde extremo a ella, apropósito, como guardando excesivas distancias, pues se trataba de una broma y trata de no reirse queriendo poner cara de pena- Tú ahí quieta. -Susurra sonriendo, pero es incapáz de seguir la broma y comienza a acercarse hacia el medio de la cama, medio reptando, estirando los brazos para acercarla a ella también por las sábanas hasta quedar nuevamente a escasos centímetros.
Entrecruzan las piernas y forman un tipo de puzzle entre sus cuerpos donde todas las piezas parecen encajar. Annie pasa una pierna sobre las de Zénobe y este la rodea con un brazo, dejando su mano posada al final de la curva de su espalda, pues aprobecha que la camiseta está levantada en esa zona para acariciar su espalda desnuda, suave como el terciopelo, que hace estremecer a Annie y comparten una confidente y tierna sonrisa, mientras ella vuelve a depositar otro pequeño beso en sus labios y él lo alarga unos segundos hasta después susurrar un "shhh.." en ellos y reir suave, junto con ella.

Las caricias cada vez son más débiles y Zénobe acaba quedándose dormido, entrando en un plácido sueño que mantendrá sin despertarse hasta el próximo día.

Los pequeños pajaritos pían suave, como avisándoles a su dueño de que quieren salir. Zénobe a pesar de que el pío es silencioso, está acostumbrado a oírlo, despertándose. Parece de día y el sol empieza a entrar enfre las cortinas de un color rojizo y rosado. Ella está ahí junto a él, durmiendo tranquilamente echa una pequeña bolita, y sonríe apartándole un rebelde mechón del rostro, besando su frente son suavidad para dejar que duerma. Zénobe se levanta y silencioso alza un poco la mano hasta que las pequeñas aves se posen en esta mientras les guía hasta la pequeña rendija de la puerta de la terraza. Ambos vuelan juntos hacia una misma dirección. Zénobe siempre los observa hasta haberlos perdido de vista.

Ese día parecía que iba a hacer calor, pues el cielo estaba completamente despejado.
Al de un rato, la cocina huele a tostadas y a fresas, pues Zénobe adoraba los batidos de fresa. No muy tarde, aparece Annie bajando las escaleras con el pelo perfectamente liso, parece mentira que se acabe de despertar pues su cara desprende frescura y ningún tipo de cansancio.
Zénobe abre los brazos mientras ella se acerca sonriendo observando un momento la cocina y este la acoge con un abrazo, y un beso en la mejilla.

-Estaba haciendo algo para desayunar. Coje lo que quieras, está todo recien hecho. También tengo alpiste para pájaros en el segundo armario, por si te apetece. 
Las bromas de Zénobe no cesaban ni por la mañana, le salían naturales y siempre acompañadas de una divertida sonrisa.
Aprobecha que Annie está desayunando un poco para adentrarse en el baño a cambiarse de ropa y asearse. Sale después de unos minutos vestido con una camisa vaquera de manga corta y unos pantalones negros, el pelo algo mojado por la zona de alante pues por atras lo llevaba corto, oliendo a la frescura de un gel.
-Buenos días pequeña marmotita. Espero que hayas dormido bien por que vas a tener que aguantarme durante todo el día.. -Dice mientras recoge algunas últimas cosas en la cocina, y Annie se miraba como disimuladamente en el espejo de la entrada, ya vestida. Zénobe la mira de reojo sonriendo sin decirle nada, pues era su momento presumida y no quería hacerla sonrojar. 
Coje un par de cosas, la cartera, las llaves de casa y las del coche y deja el movil en casa, pues hoy no quiere que nadie le moleste. Hoy es para ella, siempre iba a ser para ella.
-Estás preciosa. -Dice mientras la abraza por detras interrumpiendola mientras jugueteaba con el pelo frente al espejo, y ambos se miran en el reflejo mientras Zénobe la abrazaba, pues era la viva imagen de que todo volvía a ser como antes.

-¡Ven, vamos! -Dice mientras abre la puerta y la cierra después, cogiéndola de la mano y bajando las escaleras, se paran frente a una puerta y entonces hace su presencia La señora Bipsy, en silla de ruedas y con un aspecto totalmente coqueto, pues era una mujer presumida y risueña, lleva de vida a pesar de su edad. -¡Zénobe que alegría! -Dice alzando los brazos y después hace rodar las ruedas para dejarles pasar dentro. -Vaya vaya, quién es esta joven que me ha robado el novio... -Bipsy ríe, y Zénobe también, pues siempre se traían esa broma desde que Zénobe en ocasiones la llevaba a pasear al parque o al campo, pues pensaba que a esa edad, se debía aprobechar la vida al máximo, y no dejar que los años pasaran sentada en casa, para él se había convertido en una espacie de madre que le hacía dulces casi todos los últimos domingos del mes. 
Tras presentarse calida y amistosamente, Bipsy le entrega a Zénobe una pequeña lista de cosas que debía comprar durante la semana. -Vale perfecto. -Dice Zeta comprovando la lista y guardandola en la cartera. 
-¡Haceis una pareja preciosa! Se te ve tan felíz -Le comenta a Zénobe y este sonríe algo vergonzoso. -A ver cuando me traeis al mundo unos niños, ¡O niñas tan guapas como ella! -Se refería a Annie, comentando mientras los tres se dirigian nuevamente a la entrada de la casa adecuada para una persona discapacitada- ¡Niñas mejor, que todos mis hijos son varones y no me cuidan nada! ¡Poneros rápido a ello! -Zénobe reía, pues Annie parecía haberse sonrojado por la situación, y la acompaña saliendo junto a ella por la puerta. No se había planteado la situación de crear una familia con Annie, pero a algo dentro de él le había gustado la idea, tal vez en un futuro si ella quisiese o pudiese, le parecería tan bonito..
Se despiden y comienzan a bajar por las escaleras hasta llegar al portal, saliendo hasta la calle y Zénobe busca con la mirada el coche aparcado más allá de la calle peatonal donde los niños jugaban a las tizas pintando el suelo con vivos colores. 
Toma su mano y sonríen aprobechando para darle un rápido beso mientras andan, abre el coche y deja que esta tome asiento para luego sentarse él, metiendo la llave en el contacto, arrancando el brillante Cadillac, camino de el mercado de la costa, al otro lado de la ciudad.
-La verdad es que podías traer tus cosas a casa, si quieres, vamos.. Así no tendrías que andar yendo y viniendo. -La mira un momento de reojo, feliz, sin apartar la mirada de la carretera.

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