Zénobe.
La noche se había alargado más de la cuenta, había estado ignorando a Meredith toda la noche practicamente, pues estaba comenzando a irritarle... Y Zénobe no solía cabrearse ni ser puntilloso con la gente. Eros no tomó una segunda copa de lo mismo, pues sentía el alcohol ya recorrer sus venas. Zénobe lo hizo a pesar de que Meredith le dijera que no lo hiciera, pero entonces, con más razón tomó más alcohol de la cuenta. Aquella noche, salió del bar practicamente dando tumbos y agarrado a los brazos de Eros, que ambos reían pues se lo estaban pasando bien, a pesar de que estuvieran ya borrachos. Eros le dijo que pasara la noche con él, pero Meredith negó la cabeza e invitó a ambos a su piso, de esta manera tal vez hasta podría volver a recuperar la confianza de Zénobe.
Al día siguiente se despestó en el sofá de Meredith, serían las cinco de la tarde, se habían quedado completamente dormidos, próximo al otro sofá donde yacía Eros aún dormido. Meredith estaba tumbada casi sobre él. Abrió los ojos y un fuerte dolor de cabeza se apoderó de él, necesitaba refrescarse, seguía mareado y probablemente también borracho.
Apartó a Meredith de encima, pues aún sentía cierto reencor hacia ella, esta gruñó en suelos y se abrazó a un cojín mientras Zénobe iba al baño a tronpicones, agarrándose a los muebles, hasta topar el baño y encerrarse en él. Se mojó la cabeza en la ducha y dejó caer las gotas de agua por su cuello hasta su espalda, necesitaba despejarse y tratar de aliviar la resaca, bebiendo agua del grifo del baño.
Al despertar todos, Zénobe les dijo que se iría a casa, que no se encontraba del todo bien, y estos aceptaron a llevarlo en coche, pues en metro probablemente acabaría tirado en una cuneta o peor, se daría de bruces con las vías.
Al llegar, Zénobe se cambió de ropa como pudo tras una ducha, mientras Eros le ofrecía un ibuprofeno por detras, este tan solo quería dormir, y se quedó casi dormido una hora en la cama mientras Meredith y Eros veían la tele, esperando a que despertara.
Se despertó a la noche de nuevo, esta vez bastante mejor que la última vez, pero aún algo mareado, no solía beber, y el alcohol le pagó factura.
-Hola.. -dice, bajando las escaleras hacia el salón mientras va palpando la pared, y se deja caer en el sofá. Conversan un poco,en un tono de voz bajo para evitar que a Zénobe le doliera más aún la cabeza.
De pronto, Zénobe nota una presencia acercarse,no nota un estado de ánimo calmado, todo lo contrario.. de pronto, la puerta se abre de golpe tras tocarla, era Annie. ¿Annie? Su cabeza le daba vueltas... seguiría borracho. Piensa resoplando y se lleva la mano a la cabeza, incorporándose en el sofá y observándola con los ojos cansados y algo rojos. Pero la situación es totalmente real, y Annie parece más cabreada que nunca. Por ello presta atención a la situación que cada vez se pone más espeluznante. Él y Eros se miran cuando las dos chicas comienzan a gritarse entre ellas. Los gritos de Meredith le están volviendo completamente loco e intenta lanzarle un cojín a la cabeza sin mucho éxito, pues cae al suelo, y resopla, gruñendo por lo bajo, sin entender aun mucho, hasta que Annie habla sobre lo de Marcus y entonces comprende que está furiosa... Pero no debería, a fin y al cabo ahora estaban juntos y Annie no era una chica que dejara su corazón a cualquiera. Por ello pensó que Marcus tampoco era alguien cualquiera para Annie. ¿Estaba enfadada por haberle contado a su novio algún que otro detalle sobre ella? Marcus debería haberlos sabido ya de antemano, sin tener nisiquiera que ir Zénobe a decirle que hacer.
-Meredith te juro que como grites otra vez te .. -Bufa, desesperándose por la situación, inclinándose hacia delante en el sofá y dejando casi la cabeza entre sus propias piernas, tratando de controlar el dolor de cabeza. Se está poniendo muy nervioso pues aun no sabe muy bien a que viene tanto disparate, y cuando escucha el comentario de reto de Annie, suspira y se levanta del sofá tratando de parecer tranquilo, pero su corazón parece salirse del sitio. Bordea el sofá y llega cerca de la entrada donde Annie se mantiene de pie con cierto aire de enfado e ira, nunca la había visto tan cabreada.
-Annie de verdad no se por qué te estás poniendo así... -Dice, tratando de calmarla, mirándola con ojos cansados, y con cierta expresión de tristeza y preocupación en el rostro-
Podémos hablar arriba a solas... -Pero entonces la voz estridente de Meredith otra vez vuelve a retumbar por toda la habitación y Zénobe le lanza una mirada furtiva, esta vez, sus ojos comienzan a tornarse en azul oscuro, pero impresionan algo más pues están irritados de no descansar.
-¡NO TE DAS CUENTA QUE LE HAS HECHO DAÑO! -grita Meredith, poniéndose de pie como tratando de imponer más, pues era una joven alta, de piernas kilométricas, y se acerca a Annie, mirándola con desprecio y apretando los dientes- ¡QUÉ QUIERES! ¡QUÉ QUIERES DE ÉL! ¡NO SABES DEJARLE TRANQUILO! ¡MALDITA PUTA! -Tanto Zénobe como eros dirigen la mirada a Meredith tras decir el último comentario, y Zénobe se acerca a ella esta vez cabreado como nunca se ha podido cabrear con una mujer diciéndole- Vuelve a decir eso y juro que vas a querer no volver a pisar este país.. -Meredith cabreada e impulsiva, alza el brazo y lo dirige hacia este, pegándole un golpe en la cara que lo eleva hasta la pared de la entrada, pues no se trataba de fuerza humana, sino de fuerza sobrenatural. Es entonces cuando Meredith entonces se da cuenta de que está perdiendo los papeles pero es demasiado tarde, pues a cabreado a toda la sala, especialmente a Zénobe por dirigirse así a Annie. Sus ojos se tornan de un azul rozando el negro, gruñe y saca el instinto de ángel guardian que llevaba tanto tiempo reprimido en su interior, la mira con tal mirada, que Eros decide poner algo de separación entre ambos, llevando a Meredith al lado de las escaleras, pues Zénobe es capaz de todo en ese momento, pues está pasando por una fase complicada en la cual no controla ni es consciente de sus nuevos poderes, hace meses que no despliega las alas siquiera, y tiene mucho, mucho poder contenido.
Sin embargo su estado físico es débil, por lo que aunque quisiera, tampoco podría hacerle un daño irreparable.
-Es lo que es, una maldita puta. -Dice Meredith de nuevo, que parece buscar guerra, y esta vez, Eros detiene a Zénobe a la velocidad de la luz, invisible al ojo humano, y lo retiene con todas las fuerzas que puede, pues la situación parece salirse fuera de control mientras Annie parece enfurecerse aún más, pero algo en su interior parece querer jugar con Meredith.
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