martes, 3 de junio de 2014

"No sé cómo he podido pasar tanto tiempo sin ti."

Annie.

   Su beso hace que la chica suelte una risita, quedándose finalmente con una sonrisa en la cara. Es como si de repente todo hubiera desaparecido; responsabilidades, malos juicios, errores, maldad, personas... como si, en un segundo, solo existieran ellos dos. Podría quedarse ahí para siempre, enredada en sus manos, y en sus formas, en su sonrisa y en sus ojos infinitos. Ante sus palabras Annie entreabre los labios para decir algo, pero deja que sea aquel silencio no-incómodo lo diga todo y se deja llevar por él, siguiendo sus pasos con emoción y curiosidad, como si de una niña pequeña se tratase. Nadie diría que hace unas horas estaba enfadada por el hecho de que Zénobe le había dicho todas aquellas cosas a Marcos..pero..¿cómo? ¿cómo iba a enfadarse con alguien que derretía de tal manera su corazón, que había estado envuelto en hielo los últimos meses?

La habitación la recibe una vez más, tan tranquila como había estado la primera vez que ella había puesto los pies allí. Desvía su atención a los dos pajarillos que duermen casi arropándose uno con otro. Son tan bonitos como los había imaginado. Un aroma llama su atención: vainilla. La chica alza las cejas y ahora sigue a Zénobe con la mirada, preguntándose qué es lo que se trae entre manos hasta que él le dice que cierre los ojos, lo que hace que Annie quiera protestar, pero simplemente no dice nada, sólo se queda con una sonrisa en los labios. Sus manos cubren sus ojos y lo siguiente que puede escuchar son los pasos de Zénobe, apresurados, por la habitación, las puertas cerrarse y luego un click, que al parecer ha traído la magia de la que él hablaba. Era curioso, ya que con él rara vez no había magia. Siente como el colchón se aplasta ligeramente ante su peso y entonces escucha su permiso para abrir los ojos. Su mirada se encuentra con la figura de un cosmos que parecía inalcanzable para ella. En su rostro de porcelana puede leerse la sorpresa, pero también el hecho de que está completamente maravillada. Tarda unos minutos en volver a mirar a Zénobe, que sonríe, ya que la conoce lo suficientemente bien como para saber que aquello la iba a dejar perpleja.

Echa la mirada hacia atrás, observándolo por encima de su hombro. Yace ahí, entre las sábanas planas y blancas, tan relajado y feliz que parece que han vuelto al pasado. Annie sonríe para sí misma, echándose hacia atrás y clavando la mirada en él, dejando que suelte todo lo que tiene dentro, suspirando. Sabe que no ha estado en ese tiempo con él y le hiere, pero..¿qué podían hacer ante los planes maliciosos del destino? ¿Qué podían hacer si habían decidido jugar con ellos y el tiempo? Lo atrapa despacio entre sus brazos, posando los labios sobre su frente para depositar ahí en un beso, dejando que su cuerpo se estremezca ante su presencia en su cuello. Ella sonríe, besando su piel despacio y entonces susurra:

- Estoy aquí, mi ángel. Y no habrá quién me aleje de ti.

Su mano se eleva despacio hasta poder posarla en su espalda, donde la mueve, creando el mismo tipo de caricias que ella adoraba. Vuelve a sonreír, sin poder evitarlo, y lo acurruca entre sus brazos, manteniendo los ojos abiertos, viendo como las estrellas se reflejan en sus pieles.

- Gracias por esto, Zeta... no sé.. no sé...no sé cómo he podido aguantar tanto tiempo sin ti. - Y entonces su abrazo se hace más fuerte, como si temiera que él pudiera desaparecer en cualquier momento, aunque está allí y es completamente real. Frunce los labios y cierra los ojos con fuerza, dejándose llevar por sus emociones. - No te vayas nunca, por favor..

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