Annie.
Su tacto hace a la chica estremecer, dejando que sus dedos se deslicen entre los de él. terminando de juntar las palmas de las manos. Es un gesto simple, pero ella no puede evitar sentirlo tan grande... A pesar de todo lo que han compartido, cada encuentro se siente como el primero, cada palabra como nunca dicha, y cada sensación amenazaba con hacerle explotar. Era como revivir el primer amor una y otra vez, haciéndolo perfecto. Quizás era por el hecho de que se trataba de él. Annie sabía que nunca iba a encontrar a alguien como su ángel, pero tampoco pensaba buscarlo. No quería, sería una pérdida de tiempo. Zénobe era su alma gemela. Cada segundo lejos de él contaba como una eternidad.
Su voz se escucha y es como si todos los sentimientos que había escondido los días anteriores, por miedo, salieran a la superficie y florecieran como las margaritas en plena primavera, haciendo que el corazón de Annie se acelere a tal punto que puede sentirlo como si estuviera a punto de salirse de su pecho. Zénobe le había dicho que la amaba. La muchacha alza la mirada, abrazada a su cuerpo y, apoyando la barbilla en el anterior, suelta un suspiro en pura calma.
"Seremos un nosotros solo si tú quieres."
No hacía falta preguntarle, ni siquiera decir nada, pero tras tanto tiempo, realmente se sentía bien el haberle dicho a Zeta todo aquello que llevaba dentro. Cada momento sin él había sido un infierno, y ella lo había vivido y sentido en el alma. En ese momento Annie mueve despacio sus manos, haciéndolas rondar por su columna vertebral, regalándole de esta forma suaves caricias. Sin poder evitar sonreír, la chica se pone de puntillas y roba un beso de sus labios, uno tan corto y suave que se ponía sentir la inocencia en él. Como si fuera la primera vez y ella se hubiera llenado de valentía para hacerlo, sus mejillas se han tornado más rosas de lo normal. Cuando se separa, dice despacio:
- Te amo, Zénobe y por nada, nada en el mundo, cambiaría lo que siento por ti. -Ahora sus manos se elevan hasta tomar su rostro y hacer que la mire. - He pasado todo este tiempo vacía, buscándote en cada ciudad, en cada misión, en cada pensamiento... Es la nostalgia la que me ha mantenido despierta, porque no he podido parar de pensarte y.. y..y por mucho que haya intentado, no hay forma de que pueda mantenerme alejada de ti. - Una de sus manos se desliza por su cuello hasta que enreda sus dedos entre sus mechones, como tanto le gustaba hacer, y lo atrae ligeramente hacia sí.- Quiero que seas tú mi para siempre.
Y sus ojos azules, de aquel color turqueza tan puro, se llenan de luz después de meses. Se inclina hacia adelante y adopta la misma postura de la noche que se habían visto en el parque; su nariz rozando la suya y sus corazones latiendo al mismo tiempo, creando una melodía que ella siempre disfrutaba.
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