Zénobe.
El hogar de Annie era tan... Annie. Había pequeños detalles que sólo ella podía crear en ese limitado espacio, el necesario y suficiente para ella. El suelo de madera crujió dulce cuando Zénobe entró en la habitación, y de pronto... olor a vainilla. Aspira y suspira cerrando los ojos un instante. Le recordaba al pasado. Cuando Annie se dirige a preparar la maleta, se sienta en la cama con los brazos apoyados para mantener el cuerpo algo inclinado hacia atras, observandola tranquilamente, para que se tome todo el tiempo posible. De pronto se escuchan unas pisadas por el pasillo que parecen venir a todo correr, por la puerta asoma el hocico de un joven cachorro de lobo, que se abalanza sobre Zénobe mientras este lo recibe con los brazos abiertos y riendo. Tonca lamía su mejilla mientras Zeta trataba de apartarla divertido, haciéndola gruñir en juegos y Zeta imitaba sus gruñidos siguiendo su manera de jugar, riendo a carcajadas pues le encantaba la pequeña mascota de Annie, desde siempre. Entonces Annie confiesa sin darse apenas cuenta sus sentimientos hacia Zénobe, y este sonríe agachando la mirada pues sabe que se ha puesto roja nada más darse cuenta de su ligero deslíz en las palabras. Zénobe vuelve a reir tras otro "beso" de Tonca en la mejilla y murmura entre dientes.
-Seguro que sí.. -Zénobe y Tonca comparten una mirada, como si ambos supieran que Annie está sonrojada y tras el ruido del pequeño cachorro Zénobe es incapaz de reprimir la sonrisa, pues Annie trataba de ocultar su sonrojo como fuera, mientras Zénobe se limpia las babas de Tonca con la manga de la camisa.
Pasan unos minutos y Annie está casi terminando de meter sus cosas en la maleta, Zénobe se distrae observando la gente pasar por la calle yendo hacia casa para cenar, mientras Tonca yace a su lado contenta y casi adormecida por las caricias. En ocasiones, dirige la mirada a Annie que corretea entre las habitaciones concentrada en no dejarse ningún detalle.
-Esta pequeña se viene con nosotros, ¿verdad? -Tonca alza las orejas, pues sabe que hablan de ella y los ojos se le iluminan como queriendo expresar "¡sí,sí,sí!" y corretea hasta por detras de Annie, dandole vueltas como si fuera su mamá y tratara de convencerla de que quiere ir también de aventuras a casa de Zénobe. -Además, pronto volverá Rufo de las emigraciones, mi pequeño dragón, y asi no estarán tan solos.
Al de poco, ya están listos para volver a bajar al coche, Tonca baja las escaleras a trompicones con las grandes patorras de cachorro aun joven y traviesa, mientras Zénobe lleva con cuidado la maleta de Annie, bajándola hasta el coche y dejarla dentro, dispuestos a volver a la carretera.
No tardan en llegar a casa de Zénobe, y nada más abrir la puerta, Tonca comienza a corretear haciendo ruidito con las uñas por el parquet de madera, y Zénobe sonríe al ver que se está instalando en la alfombra cerca de la chimenea, mientras olfatea la leña.
-Creo que le gusta. -Sonríe mirándola y se dirige al piso de arriba con la maleta, para dejarla sobre la cama y bajar al de unos segundos rapidamente, señalando la zona de arriba. -Te he dejado la maleta sobre la cama, por si quieres deshacerla o instalarte. Mientras voy a ponerme cómodo.
En la cálida noche, la casa tenía más vida que nunca, Zénobe pasa por la cocina a por dos nubes de azucar, sentándose en el sofá al lado de Tonca tan sólo con unos pantalones cortos de algodón como pijama, la chimenea no estaba puesta, pues hacía calor. Acerca una nube al hocico de la joven cachorro pero esta hace un gesto extraño al olfatearlo, probándolo con gesto raro pero divertido, mientras Zénobe mastica su dulce.
Trataba de dejarle espacio y tiempo a Annie para instalarse y que se sintiera cómoda.
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